Marcha Negra

El 10 de julio de 2012 confluyen en Madrid cientos de mineros divididos en dos columnas que habían partido casi tres semanas antes de distintos puntos del país: Aragón, Castilla y León, Andalucía y Castilla La Mancha. Estas marchas coinciden [...]

Marcha Negra

El 10 de julio de 2012 confluyen en Madrid cientos de mineros divididos en dos columnas que habían partido casi tres semanas antes de distintos puntos del país: Aragón, Castilla y León, Andalucía y Castilla La Mancha. Estas marchas coinciden con los encierros de algunos mineros en varios pozos. Sus exigencias: reunirse con el ministro de Industria para que frene una reducción del 63% en los presupuestos del 2012 para el sector. Estos recortes podrían suponer el cierre de numerosas minas y el hundimiento económico de comarcas enteras que llevan años esperando una alternativa viable al carbón.  

 

Tras centenares de kilómetros recorridos a pie, la Marcha Negra entra por la puerta de Moncloa donde esperan miles de personas para mostrar su apoyo. Los mineros recorren las vías principales de la ciudad, rodeados por una marea de gente que les acompaña hasta la Puerta del Sol, donde finaliza la marcha.

 

Al día siguiente parte una manifestación desde la Plaza de Colón hasta el ministerio de industria en la que se exige retomar la negociación. De nuevo, miles de personas apoyan la marcha a lo largo del Paseo de la Castellana. Poco antes de llegar la cabecera, se lanzan algunos petardos al recinto del ministerio, totalmente vallado y protegido por varias unidades de antidisturbios. Cuando los líderes sindicales comienzan a dirigirse a los manifestantes, se producen las primeras cargas que terminan con ocho detenidos y decenas de heridos. Los representantes de CCOO y UGT no interrumpen su discurso.

 

Esa misma tarde, se vuelve a convocar una manifestación de apoyo a los mineros de Atocha a la Puerta del Sol convocada por la plataforma Hay que pararles los pies. Transcurre de forma pacífica por el centro de Madrid hasta llegar a la Puerta del Sol. Las tensiones vividas por la mañana hacen que los ánimos estén bastante caldeados y un cuarto de hora  después de acabar la manifestación se empiezan a producir lanzamientos de bengalas y objetos por algunos manifestantes y nuevas cargas policiales por el centro de Madrid.